miércoles, 8 de enero de 2014

Comenzando Con Buen Paso.... Milonguero

Un refrán italiano dice que: "lo haces el primer día del año, lo haces el resto del año"
Este uno de enero cené con mi familia, mientras mi pareja lo hacía con la suya. Otros años después nos hemos juntado  para "celebrarlo"  y compartirlo con amigos en alguna tranquila reunión.  
Este año casi de un día para otro, surgió la posibilidad de ir un grupo de amigos a bailar al Conventiyo, el único lugar que ofrecía  algo entre milonga y fiesta de principio de año, juntarse y echar alguna tandita aunque la finalidad última es tener un sitio tranquilo, agradable, grande y sin el agobio que produce salir a cualquier lugar y compartir con otras personas que están en otra onda y que sinceramente a mí, ni me van, ni me vienen.
Se lo comenté a mi trompetista que existía esa posibilidad de reunirnos e ir allí, que no iba a ser una milonga convencional, sino un lugar de reunión en donde podíamos brindar, reírnos, bailar sí pero, más fiesta que otra cosa. Me dijo que le parecía genial que fuese allá con mis amigos,  él se iba a casa más a gusto que todas las cosas y que lo pasara bien. Si eso no es amor, que venga el Divino y lo vea.
Así que a las tres de la mañana del primer día del año 2014, después del momento mensajes de: “cuando salís”, “donde estáis”, “salimos ya”, “os estamos esperando”, “nos hemos liado”, “por qué no metéis prisa si os queda”; una docena personas tomábamos como posesos de felicidad y alegría el lugar. 
Besamos, charlamos, felicitamos, milongueamos, reímos, brindamos, abrazamos y empezamos el año.
Al final de la noche estuve dando masajes a un par de bailarinas que arrancaban el quinto día del que apenas se había bajado de los tacos. Brindé con mis amigos, nos reímos y me reencontré con alguien a quien quiero y hacía mucho que no veía. 
No podía haber empezado mejor, familia, con una demostración de respeto y amor, bailando tango, rodeada de buenas amigas y amigos, dando masajes y con alegría por los cuatro costados.
Al regresar a casa ya avanzada el alba, alguien me esperaba para desayunar y sonreírme con cariño, acompañado de una gata somnolienta maullando sin cesar.
Me dormí abrazada a mi chico, mientras mi gata ronroneaba a los pies de a cama.
Así que según los hechos.... ¡voy a tener un año maravilloso!


viernes, 3 de enero de 2014

Abrazos Fuera de Contexto

En la sociedad en la que vivimos, con toda nuestra conciencia materialista es antepuesta a la personal, hay situaciones, y sobre todo acciones, que no saben gestionar con naturalidad.
Aunque no sintamos que es así, nos han inculcado que el contacto físico con otras personas viene siempre acompañado con una connotación sexual. Sin más. 
Tal vez creas que no es cierto ya que a la mayor parte de la gente que conoces, incluso a ti mismo te encantan que te den, por ejemplo, un masaje ¿no es cierto?, pero ese masaje lleva acompañado de un fin; relajarse, descontracturar... sencillamente y además pagas la acción. La tienes controlada, te están dando un servicio. 
Me estoy refiriendo a ese contacto con otras personas, las cotidianas; amigos, compañeros, familia. No hablo por su puesto de las intromisiones tanto de espacio, como energéticas, que sabemos lo dañinas que son porque tienen un fin ladrón.
Esos momentos de cercanía con gente a la que aprecias y compartes parte del tiempo. Tocarle el hombro, tomar de la mano, un contacto físico a veces sutil, aunque sea pequeño. No se acepta, te miran fijamente en defensa propia. 
Y si hablamos de los abrazos, la cosa ya se sale de madre. Claro que siendo milonguera, se tiene muy asumida esa parte del abrazo, cuando bailamos ese abrazo cerrado tan cálido y lleno de sensaciones.
Esa forma en la que se entrelazan dos personas y mediante el movimiento con la música, mientras sus energías se mueven.
¿Qué es lo que ve el común de los mortales que no tiene ni idea de lo que significa "el tango"? 
Lo has oído tantas veces y mil manera: "es tan sensual" o ese otro de: "tiene ese lado sexual/pasional".... (ya me pondré con esos abrazos)
No nos abrazamos sin más, abrimos nuestro centro de energía vital para compartir. No queremos dar sin recibir, ni siquiera nos paramos a pensar si ese abrazo que damos se mal interpretará.
Fuera de la milonga ¿abrazas igual?.
Que puedo decir, si también fui una desconfiada física.
Hará unos diez años si intentabas acercarte a mi, lo mínimo podías llevarte era un bufido helador que no albergaba dudas que debías mantener las distancias. 
Hasta que una persona se saltó todas las barreras y sin que me diera tiempo a reaccionar me abrazo. Lo hizo con  cariño, alegría y con la demostración cálida de haber me echado de menos. Cuanto agradezco no haberme dado tiempo a defenderme de su amor. Fue una de las sensaciones más gratificantes que he sentido, tanto que me llevó a darme cuenta que algo me faltaba. Raquel, una jovencita entonces que hizo de maestra de ceremonias, que ahora lo es con todas las letras y la sabiduría de tiempo, evidentemente es una me las personas más importantes y queridas, que me abrió la puerta a este gran mundo de los abrazos.
Continué explorando y sintiendo. Intentando entender... pero lo mejor es que, no hay nada que entender. 
Un abrazo cómplice fuera del contexto de cual situación a alguien a quien quieres, es de los mejores instantes que te encontrarás en la vida. 
Cuando abrazas a alguien que lo necesita sin saberlo y sujetas su cuerpo en tus brazos, sientes como tiembla, se derrumba y fortalece en segundos. Como te mira con agradecimiento.
Cuando te encuentras con esa persona que quieres y aprecias. Te despides. Reconoces y agradeces.
Cuando a quien abrazas y como yo entonces, pierde el miedo a ser envuelto con cariño.
Cuando simplemente abrazas porque quieres compartir tu energía con alguien.
Cuando eres una "abrazadora" y te abrazan.
Cuando reconocen que abrazas sin pedir, sin haber una invitación y dejan que lo lo hagas. 
Cuando uno entiende que abrazar es uno de los mejores instantes que te van a dar en la vida.
No encontraras una connotación sexual, ni sensual, ni siquiera física sino emocional y energética, aunque lo que de verdad sentirás es un ingrediente básico para la existencia personal: agradecimiento, fuerza y felicidad.
Un gesto tan sencillo como es abrazar, puedes cambiar la vida de alguien en esos  instantes que le envuelves.







viernes, 20 de diciembre de 2013

Las Entrañables

En estás fiestas señaladas me siento:
Melodramática
Ojoplática
Sarcástica
Triste
Abrumada
Contrariada
Hastiada
Cansada
Estresada
Melancólica
Descreída
Solitaria
Acompañada
Fiestera
Compungida
Harta
Inocente
Sensible
Pasota
Aburrida
Desesperada
Somnolienta
Confundida
Cauta
Formal
Irónica
Afónica
Cocinera
Compañera
Hija
Hermana
Tía
Amiga
Huérfana
Desorientada
Divertida
Generosa
Emocionada
Egoísta
Pensativa
Apasionada
Milonguera
Guapa
Glamorosa
Creativa
Ilusionada
Enfadada
Agotada
Agradecida
Y también, deseando pasen.



miércoles, 18 de diciembre de 2013

El Hobbit: La Desolación de Tolkien

Cuando era adolescente leía todo lo que caía en mis manos, todo absolutamente. Iba definiendo gustos y era casi enfermizo terminar uno y asomarme al abismo del siguiente. Mis padres no daban crédito puesto que no habiendo un hábito familiar, cayera fanáticamente en las redes de las palabras. Tiempo después este comportamiento mío hizo que ellos también terminasen acercándose a tantos libros con los que aparecía por casa, como si fueran un tesoro. Que lo son.
Con diecisiete años hubo uno que me llamó la atención, ya empezaba a decantarme por la literatura épica y fantástica. El Hobbit, un librito que me gustó mucho e hizo me lazase a buscar cualquier otra lectura de aquel autor: J.R.R.Tolkien. Evidentemente la siguiente aventura fue ir de cabeza a El Señor de los Anillos, con sus tres libros contenidos en un volumen y una cantidad de páginas más que desalentar, me produjo alegría el pensar cuanto tiempo estaría colgada de su lectura.
Aquello fue tremendo, lo leí en apenas unas semanas en plenos exámenes, con los nervios paternos al límite al verme siempre con el libro entre manos en vez de los de estudiar. No hubo motivos para el enfado porque todo quedó satisfecho: mi avidez por la lectura, la satisfacción por las buenas notas con la consiguiente la alegría de mis padres, por lo cual decidieron regalarme otro libro; El Silmarillión. Con éste reconozco que me patinó la neurona durante la lectura.
Todos los lectores compulsivos sufrimos del mismo mal, te gusta un libro y quieres leerte todo que haya sido escrito y perpetrado por el autor. A lo loco y sin criterio (no es el caso).

A pesar del esfuerzo mental desarrollado en tan poco tiempo, quedé seducida por el mundo Tolkien en todo su esplendor, tanto que he llegado a ser un poquito friki con el tema. Expongo unos ejemplos que pueden dar fe de lo malas que se ponen las cabezas: tengo un pequeño "altar" con las películas, los libros, las figuritas que venían con las pelís y algún producto de merchandising como el colgante de los elfos, por otro lado una joya bellísima. En otro tiempo tuve el anillo único, uno de tantos anillos únicos y que ciega de amor filial le regalé a mi sobrino. A veces me da el síndrome Gollum y lloro por el anillo perdido. He  ido disfrazada de Elfo a los estrenos de las películas del Lord y también me regalaron a Dardo, la espada de Frodo, antes de Bilbo que hace ruidos y se pone azul a la que meneas y avisa que hay orcos en los alrededores. Es toda una verbena la espadita y quitarle las pilas fue una de las grandes decisiones de mi vida.
No tengo fotos de aquellos momentos con la pena consiguiente.
Así que vistas las tres películas de El Señor de los Anillos, en las que me lo pasé genial y colmaron mis expectativas respecto a las mismas, como no iba a sentirme seducida frente al Hobbit.
Realmente este libro aunque me gustó no me pareció tan extraordinario como el resto, pero lo disfuté por su lectura fantástica y sobre todo por la cantidad de personajes maravillosos: hobbits (medianos), enanos, elfos, magos….. locura todo.
El año pasado me enfrenté a la primera película, recordando el argumento del libro y dispuesta a ver una adaptación al cine. Una cosa es un libro y otra la adaptación, aunque las anteriores apuestas me parecieron bastante fieles a la historia, estuve sospechando que algo no iba bien porque el libro no daba para tres películas.
Lo cierto es que la primera me dejó atónita. Atónita de aburrimiento porque no es más que unos señores que se plantan en casa del pobre Bilbo, se lo comen todo, aparece el comercial de la batamanta, Gandalf el gris y luego de convencer al hobbit de hacerse saqueador (me pírria, yo también quiero ser saqueador) para marchar con ellos. Luego aparece Gollum haciendo las delicias de todos. Reconozco mi debilidad por ese bicho y repugnancia/ternura que me despierta. Ya no pasa nada más, bueno si, ese enano atractivo que es Thorin Escudo de Roble, me hizo recordar lo sentido por él en el libro. Que tiene dos bofetadas.
No pude evitarlo, este sábado fui a ver El Hobbit: la desolación de Smaug. No fue el único desolado. Desde luego las hordas de adolescentes que gritaban cual orcos estaban encantados, pero los que ya tenemos una edad, con algunos años entre la lectura del mundo Tolkien y la filmografía nos recorrió un escalofrío medular serio. Lo mismo era un cine interactivo y no me enteré que había unas corrientes de aire que no ayudaban a centrarse.
Thorín seguía despertando mis ganas de insultarle por lerdo. A Gandalf no le entiende nadie ni en la Tierra Media ni en la entera. Bilbo resuelve con gracia para ser un apacible hobbit. Légolas, que por él que si pasa el tiempo y un aumento extraordinario en el padrón de Elfolandia. 
No me animé a verla subtitulada, no quería perderme en el atractivo visual trepidante y por supuesto, no andar a la caza ni de enanos ni subtítulos. Y entonces hablo el Smaug El Dragón.
Madre, madre, madre, madre. 
¡Qué me enamoré como el burro de Shrek de su dragona! ¡Que personalidad! Atractivisimo con sus alitas y ese aliento que enciende a cualquiera. Lo mejor de la película. En la primera fue Smigol, alias Gollum y en esta, Smaug.
Iré a ver la tercera por supuesto, con menos convencimiento todavía,  aunque sólo sea para ver ese bichaco que me arrebata. 
En fin, Peter Jackson se ha hecho con los mandos de las adaptaciones y estas películas tienen de la historia Tolkien lo que yo de cura párroco. Nada.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Baztango y el Laberinto de las Emociones

¿Pensar que estuve a punto de perdérmelo?
El error fue mío, si esperas que alguien te diga o que se confirme "nosequé", te puedes quedar en tierra y cara de circunstancia.
Afortunadamente y sin esperar más, escribí a Joseba y le pregunte a última hora si quedaba plaza libre. Era el viernes anterior a evento y ellos iban a estar fuera por trabajo. "En cuanto podamos te contesto". Y lo hizo el domingo a última hora de la noche. No sé por qué, pero estaba convencida que había un hueco para mi. Y lo hubo.
Así que de repente me encontraba a tres días de tomar el coche (no cojo el coche desde que conozco tanto argentino) y viajar a otra dimensión, digo a baztango.
Cómo ya he tenido la suerte de ir en anteriores ocasiones, sabía que lo que iba a encontrar aunque con el gusanillo del la inquietud pensando "lo mismo no es como otros años y no lo paso bien". No sé, siempre tengo es cosita dentro ya vas con unas expectativas tan altas a este tipo de eventos y, la verdad, es que no tenía ni idea de lo que me esperaba.
Durante todo el viaje en coche que realicé sola, fui cantando a voz en grito pletórica de alegría. No me perdí (bien por mi) y pendiente que estaba de salidas de autopista, rotondas y montañas (soy de “Madrí” cuando veo una montaña me quedo tonta) y de repente, apareció el hotel Arocena ante mis ojos.
Llegué más pronto de lo esperado, así que subí a la habitación. Una pequeña, muy pequeña con un armario y cama grandes, muy grandes, con unas vistas de locura. Quedaban muchas horas por delante para comenzar y decidí descansar un poco. Madrugar, cinco horas de coche y la emoción, creí inocentemente que dormiría un rato.
Creo que ahí empecé a sentir el mal del milonguero. No duermes ni queriendo. Tampoco es que lo pusiera en las actividades, es verdad.
En el tiempo que tarde en darme cuenta que iba ser inútil descansar, me estaba poniendo nerviosa por momentos así que me puse en marcha. Lo primero que había que hacer era tomar el primer café de todos los que me he podido tomar este festival. No sé como no he acabado fulminada alguna noche de tanta emoción y cafeína.
Este año coincidía que en Madrid había otro encuentro así que sólo estuvimos 2 personas como representación capitalina y cada una nos tomamos una habitación. Hay que reconocer que es más barato compartir pero así, también es más tranquilo y puedes tener la habitación como si hubiera habido un terremoto. La mía.
El cinco de diciembre de dos mil trece, a ocho de la tarde: comienzó Baztango.
Como si hubieran dado una corriente de luz a todos los que abarrotamos el salón, preparados para cenar, con el brindis presto, la presentación por parte de nuestros anfitriones Joseba y Bakartxo de todo el equipo de magos y buenos amigos, surgió el primer estallido de júbilo.
Eso es lo que tiene Baztango para los que repetimos, los nuevos a la congregación se embelesan sintiendo como nos reencontramos y abrazamos. Nos miramos y sonreímos. Nos tocamos. Porque estamos de nuevo ahí, a punto de viajar a otro mundo.
Y comenzó de nuevo. Comenzó la alegría y con ganas.
Siempre que asisto a algún encuentro de este tipo, donde somos poco menos de doscientas personas, se nos puede sentir a todos y me encanta la sensación que se trasmite.
La luz en la milonga de Baztango es un adorno más. Mesas dispuestas alrededor de una pista magnífica donde sólo nos dolerán los pies porque estaremos dispuestos al sacrificio de horas y horas baile. Muchas, a veces demasiadas para aguantar tacón 7 horas. No importa te cambias por un calzado más cómodo, estás entre amigos. Muchos no nos hemos visto nunca pero aquí eso dura un suspiro. Reconocemos nuestra energía y nuestros corazones.
La primera noche la música fue maravillosa. Enrique Barraquero, un tipo con una mirada y sonrisa llena gran energía. Tal vez fuese porque era la primera noche aunque yo sentí lo mismo, con cada milonguero que me enfrentaba a la pista decía lo mismo: “qué tanda más buena nos ha tocado”. Era cierto.
No puedo decir que eso no ocurriera en cada una de las milongas sucesivas, porque ha sido el mantra de cada una de las noches.
Recuerdo un milonguero al cual había visto en varias ocasiones, me gustó su forma de bailar aunque nunca tuve el placer de hacerlo porque había sido invisible a sus ojos milongueros, hasta esa noche. Por eso me encantan estos lugares, todos nos vemos, sentimos y tenemos nuestra oportunidad.
Me sacó a bailar. Increíble experiencia, y lo primero que le dije entre tango y tango cuando me preguntó que tal, fue: "hace años que estoy esperando a que me sacarás".
Es verdad, tengo una técnica para hacer amigos harto curiosa, pero efectiva. Nos reímos y continuamos bailando todas las noches. Valió la espera y ahora también, tengo un amigo maravilloso.
Pero no fue el único bailarín que me hizo volar, porque cuando llegas a baztango comienzan a abrirse los corazones y la energía fluye por los brazos. Estos abrazos son poderosos y nos conectan fuertemente más allá de nuestro cuerpo, con la energía que movilizamos en los movimientos.
Para mi fue el reencuentro con maravillosos bailarines, con nuevos abrazos y nuevas conexiones.
Una de las sensaciones más gratas que se puede llegar a tener es cuando bailas con alguien por primera vez y sucede la conexión mágica del abrazo y el movimiento fluye en un torbellino de energía. Cuando paras las dos personas se sonríen porque han entendido lo ocurrido. No hay músculos suficientes en el cuerpo para apoyar la sonrisa, el agradecimiento por esa fabulosa sensación. Cuando vuelves a envolverte en el abrazo, los siguientes tangos serán todavía más electrizantes.
Eso ocurre en Baztango. Como muchos de esos lugares donde nos apretamos durante varios días la energía va relajando los cuerpos, surgen conexiones ya simplemente en la mirada, en el roce de las manos. No sólo en la pista. Conectamos y nos sentimos todos.
Según van avanzando los días, dormimos menos y bailamos más y más.
Baztango es un encuentro donde no te dejan quieto. Sus propuestas diarias nos van sometiendo a un “crescendo” de alegría imparable.
Este año no me quise despistar y gracias al cielo, me sometí el viernes pronto a Gemma. Este año estaba pletórica de energía y me dio un masaje y achuchón, que de nuevo me descargó tensión y salí de aquella habitación dispuesta a comerme el momento. Qué acierto siempre es andar relajado porque todo lo que se te viene encima es abrumador.
El viernes dos milongas, la primera con chocolate con bizcochos. Eso de bailar, trasnochar y no parar hace que necesitemos azúcar en vena alocadamente. Claro, solo íbamos a bailar unas ocho horas, quien dice que no a la milonguita de 2 horas previas.
El viernes el excelentísimo don Mariano Quiroz, puso música. Vinilo tras vinilo, tanda a tanda, locura continua. 
El sábado es para quitar el sentido, con la degustación de sidras y el son cubano que nos volvemos literalmente locos (lo del trenecito, lo voy a obviar).
El último día Joseba, que musicaliza de tal manera que dan ganas de tomar el coche e irse desde Madrid a Chacabuco 852 sin pensar, cualquier día.
Y por si no teníamos suficiente, Federico y Sabrina el viernes y Adriadna y Fernando el sábado, nos deleitaron con sus exhibiciones. No quedó ahí el placer con ellos. Se unieron a todos nosotros con sus sonrisas, cercanía y amabilidad. Nos regalaron su presencia de grandes profesionales y como cualquier milonguero del evento, disfrutaron de todas las actividad como uno más. Sólo los grandes hacen esas cosas y les aplaudo por su cercanía.
También, puedo contar de comidas que eran desayunos. De cenas con risas y prisas por ir a engalanar nuestros cuerpos milongueros.
De alguna escapada a los montes que rodeaban el hotel, al mar, que está a tiro de piedra, a pasear por Zestoa, que algunos ni pisamos hasta el último día en la milonga del portón.
Luego está la historia particular, esos momentos preciosos de cada uno, donde conocemos nuevas personas tanto para bailar sin fin, como para que se queden en tu vida. El mundo del tango tiene la suerte de repartir amor en cantidades industriales. Personas que espero volver a encontrarme con ellas más pronto que tarde, porque se te cuelan en la vida, como si fueran de siempre.
Estos cuatro días son como una meditación guiada. No hay nada más, nada fuera, que no sea el hotel y la milonga. Estas viviendo en un sueño, que sabes tienes que despertar y te empeñas en disfrutar cada instante de esas horas, que son un regalo.
Cuando toca volver, siempre llevo encogido el corazón, la emoción en la garganta y el hueco de los brazos los sientes vacíos.


Este año no lloré al regreso, me llevaba a un Dj para Madrid con un montón de vinilos en el maletero, y yo sólo lloro en intimidad o una pista de baile.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Señá Galindo... ¿otra cañita?

Tanto si vives en Madrid o vienes a la capital, puede que entre tus actividades se encuentre salir a tomar algo la cava baja o porqué no, una mañana de domingo visitar El Ratro, estarás en el barrio de La Latina.
Parte del centro histórico de la capital que no puedes perderte tomando una caña, vermú, vinito, unas tapitas. Si alargas el día te ofrecerá un amplio catálogo de bares de copas y entretenimiento.
Igualmente, entre sus calles se esconden las iglesias más antiguas de la ciudad, el Museo de los Orígenes a la sazón, casa de San Isidro el Labrador y que es gratuito por cierto, por así te animas también a empaparte con algo de cultura histórica. Tiendas, restaurantes, mercado, ocio e historia.
Hablemos de esto ultimo. ¿Sabes por qué recibe este nombre el barrio? He llegado a escuchar respuestas de lo más peregrinas. Una de ellas porque vivían en él gentes que se hacían entender en esa lengua, como ocurre en el barrio Latino de París. Porque viven muchos latinos, inmigrantes sudamericanos. Algo relacionado con algún escritor. Nada de eso es correcto y este país históricamente patriarcal, machista y religioso, no  pudo evitar que se le colase el cariño y agradecimiento a una mujer. Beatriz Galindo.
Probablemente habrás escuchado muchas veces este nombre aunque no se sepas a ciencia cierta quien fue o mejor, quien es. Vamos a hacer que sea algo visible su figura.
Beatriz Galindo fue profesora de latín de Doña Isabel la Católica, tan de moda ahora por una serie televisiva. Realmente fue Isabel quien le hizo llamar a la Corte para que fuese profesora de sus hijos.
Beatriz nació en Salamanca (1465-1534) de una familia venida a menos. Estaba destinada a ser monja por lo tanto fue instruida en gramática y latín. Muy aventajada estudiante y con poco más de diecisiete años era reconocida por todos como una erudita en esta lengua. Tal fue su fama que la reina de Castilla le hizo llamar a la Corte.
Fue por tanto la encargada de enseñar a los hijos de los Reyes Católicos y también a la reina que, si bien era muy inteligente en política, carecía de cultura en otros campos.
Esta mujer amaba las letras, humanista y escritora. Escribía poesía en latín y era seguidora de Aristóteles, e hizo diferentes escritos a propósito de su obra.
Con el tiempo, inteligencia y buen hacer de Doña Beatriz se convirtió en amiga y confidente de la reina. 
Siempre al lado de ésta hasta su muerte de Isabel. Don Fernando sabiendo de la cercanía con la difunta y conocedora de los entresijos en muchos de los asuntos de estado, encomendó que fuese Beatriz quien se ocupase de aquellos.
Se casó, durando sólo seis años el matrimonio. Su marido era militar y falleció en batalla, durante la Reconquista de la península. 
Una vez viuda decidió asentarse en Madrid en donde se sitúa el Palacio de Viana (cerca de la Plaza Mayor), ya conocida por todos como la Latina mandó contruír los conventos de Concepción Francisca y Concepción Jerónima. El Hospital de la Latina al final de la calle Toledo así como escuelas para atender a los más necesitados de Madrid. No tuvo descendencia y no volvió a casar. Hasta el fin de sus días ocupó todo su buen hacer y cuartos a todo tipo de obras en favor de los menos favorecidos de la ciudad, que aún no era capital del reino, aunque empezaba a despuntar como  un núcleo importante.
Una vez falleció fue enterrada en el convento de Concepción Jerónima. Convento que apareció y desapareció en  distintas localizaciones en Madrid. Su cuerpo ha sufrido el peregrinaje que muchas grandes figuras de este país, muy dado a olvidar y a poco reconocer más en el caso de una mujer. Descansa en la cripta del cuarto monasterio de las Jerónimas situado en en una ciudad cercana a la capital. Si pasas por el museo que antes mencioné encontraras el que fue su sepulcro.
Así que cuando vuelvas al barrio de la Latina, échale un recuerdo en forma de brindis a una de las personas que amo esta ciudad y tanto hizo por sus ciudadanos. Por Doña Beatriz Galindo ¡Salud!


miércoles, 20 de noviembre de 2013

Mayormente Modernos



Estás en una peluquería y una mujer que ya olvidó los sesenta años acaba de hacerse un corte genial. Cómodo, despuntado. El pelo blanco luce brillante después del tratamiento. Se prepara para abandonar el lugar paseado un vaquero y plumas azul que contrasta con el corte. Justo antes, saca las gafas llamativas último modelo del bolso y sale del establecimiento. 
O el caballero que está mandando un whatsapp, vestido igual que los dos chicos que están en una mesa junto a él hablando de política. 
Sin quererlo me resultan llamativos, porque no van vestidos de "persona mayor". Seguramente dentro de unos años nos habremos acostumbrados y la apariencia de los mayores nos llamará la atención precisamente, quien se vista de "abuelo". Más que nada, porque nosotros seremos esas personas.
Primero llegaremos los cuarentañeros que de una forma natural, siempre hay deshonrosas excepciones, convivimos y utilizamos la tecnología nos gusta, aprendemos y curioseamos. Nuestro vestuario a sido más o menos a la moda, estamos habituados a hacer una vida más dinámica y en nuestra evolución hemos ido asumiendo la evolución de una forma natural y cotidiana. 
No creo que cuando pasemos la fecha de la sexta década nos dé por cambiar. Los más jóvenes que han visto desde siempre a sus padres e incluso, sus abuelos, estar normalmente con el móvil o la tablet actualizando el perfil de facebook o en plan yayoflauta incendiando twitter con post rebeldes, encuentren fuera de lugar la imagen de unos abuelos en vaqueros y plumas de alta montaña chulos a  más no poder.
Hace unos años llamaba la atención que hubiera personas de otras razas conviviendo entre nosotros. Hoy resulta del todo normal aunque recordar la mirada entre alucine y miedo cuando algún negro hombretón montaba en el autobús, me hace sonreír.
Casi todo a fuerza de verlo y vivir con ello hace acostumbrarnos hasta  asumir que todo eso es lo normal.
Para la moda, tecnología, convivencia, música, actividades bien. Ahora, espero que en otras cosas ni se nos ocurra.