miércoles, 26 de marzo de 2014

Yolirelatos: Despedida con Chocolate

Chocolates con licor adentro. Creo que deben ser así como les gustan.
- Se decide entonces por estos bombones ¿no prefiere los de chocolate con leche y frutos secos? Son los que más salida tienen.
- No gracias. Y por favor, son para regalo.
Había aprovechado la fiesta que le iban a dar a una compañera, que dejaba el trabajo porque había decidido que quería escribir un libro y dejaba hasta la ciudad. Bueno aquella mujer era más que una compañera, era una de las personas importantes de su vida, una buena amiga. Era entusiasta, inteligente y divertida, y la iba a echar de menos como no podía imaginar. Contarse confidencias y poder relajarse con alguien como ella no tenía precio.
La caja de bombones para la fiesta era una excusa para acercarse a otra persona, una mujer que había empezado hacia unas semanas y le tenía robado el pensamiento. No se lo había dicho a nadie, siquiera a su amiga. Ella estaba tan contenta con todos los preparativos y expectativas del cambio que no quería molestar con aquello, aunque estaba seguro que ella hubiera sido capaz de abrir el camino a su encuentro.
- De postre he traído bombones.- Dijo saliendo del despacho. Mientras abría la caja miró a su amiga que le regaló una sonrisa y un guiño complice.
- Gracias Santi eres maravilloso, como sabes que me pirria el chocolate con…. ¿licor?
- ¿rellenos de licor? Me encanta. – La voz de ella resonó a su espalda. Cogió uno le dio las gracias con una tímida mirada.
- Era por endulzar tu marcha, que sabes te vamos a echar de menos. Y yo, él que más.
Laura se dirigió a su amigo y agarrándole del brazo le separó del grupo entre risas, con un par de vasos de exquisito plástico llenos de cava.
- ¡Ay Santiago de mis amores ! Tu no has traído ese chocolate para mí, tu lo has traído para…. ¿cómo se llama la nueva Carlota, Carolina, Caridad..?
- Carolina. – Dijo sin dudar, dándose cuenta que acababa de delatarse ante su amiga.
- Como te conozco amigo ¿y por qué no le invitas a salir?
- Así, por las buenas. No sé ni por donde acercarme. Qué quieres que te diga, entre que me quedo sin amiga, el trabajo, la…
- La nada guapo, no le busques tres pies al gato que nos conocemos.
- Pues mejor, así no tengo que decirte nada.
- ¿Sabes? también me da pena dejar todo esto pero claro, el proyecto que tengo entre manos, el cambio de aires, dejar la ciudad…. Estoy feliz de verdad.
- Allí a echar la siesta debajo la parra, dejar que te cuide tu tía y a escribir. Hombre, mal plan no es.
- ¿Verdad? ¿Vendrás a verme?
- Si tú prometes tenerme al tanto.
- Desde que encontré los diarios de mi bisabuela, estoy deseando empezar con ello. Bueno, volvamos con todos... y con Carolina- y soltó una sonrisita maliciosa mientras le dejaba, mirándola y echándola ya un poco de menos.
Que mujer, como apreciaba su amistad y como le conocía. Eso le producía cierta inquietud en muchas ocasiones.
Se acercó a la fiesta de nuevo y casi se le para el corazón. Ahí estaba Laura dándole cháchara a Carolina. No daba crédito lo de esta mujer, tenía miles de cosas que hacer, y antes de nada ya estaba intrigando. ¡Cuánto la apreciaba! pensó sonriendo.
- Bueno chicos, me disculpáis tengo que recoger alguna cosa más y marcharme. Os agradezco todo esto. No os olvidéis de mí- Y la oficina empezó a vitorear y aplaudir a una sonriente Laura, que se fue hacía él, a la vez que hacía un gesto de acercarse a  la chica.
Se plantaron las dos delante de él y mientras Laura le daba dos besos de despedida, dirigiéndose a la mujer dijo: - Si necesitas cualquier cosa, esta es la persona- Y se fue sin más. No necesitaba verle la cara para saber que le dejaba a los pies de los leones.
- Me ha dicho Laura que te gusta salir al monte a caminar.
- ¿Eeeh? Si, si, es verdad. Este sábado voy a dar una vuelta por la Pedriza y…
Interrumpiendo su divagar le asaltó – ¿Te importa si te acompaño? Me apetece un montón y no conozco a nadie y bueno, me dijo que no te importaría…. – mientras sus ojos buscaban el suelo, con la posibilidad que se abriese en ese momento, desaparecer y estar agradecida por siempre.
El estupor de Santiago se mezcló con la alegre sorpresa que le acaba de preparar su amiga. – Por supuesto, estaré encantado que vengas.
- Bien, te paso mi teléfono y charlamos estos días entonces. Gracias de corazón.- Y salió volando de su lado.
Si alguna vez hubiera pensado que existiese alguna persona que tuviera el poder extraordinario de hacer realidad los deseos, nunca hubiera imaginado que además ,fuera su amiga. Como quería a esa mujer.
 Se metió un bombón en la boca y sintió como el licor corría por la garganta. Y él era un bobo porque sabía cuanto le desagradaban los chocolates con licor adentro a su amiga. 

martes, 25 de marzo de 2014

Yolirelatos: Dulce Picante

- ¿Besos de Canela?... ¿cómo que Besos de Canela?
- A mi me suena perfecto.
- ¿Perfecto? Creo que estás desvariando. ¿Cómo vamos a ponerle Besos de Canela
- ¿No te parece evocador? Cada uno de los conceptos es un mundo, todo en su conjunto; un universo de emociones.
- No pensaba que eras tan ñoño.
- ¿Ñoño? A mi me parece que tu vas de tipo duro o es que no has tenido experiencias suficientes, como para darte cuenta de lo sugerente que puede ser.
Aquella reunión que se presumía tranquila resultó totalmente al contrario. Luís se levanto y mirando fijamente a Antonio le dijo:
- Qué te parece si en vez de criticarlo tan descarnadamente, vamos y le preguntamos a algunas personas que es lo primero que les viene a la cabeza cuando les dices Besos de Canela.
Antonio se levantó desafiante: - De acuerdo. Ya estamos tardando amigo.
Salieron al pasillo y en ese momento apareció Aurora, la señora que se dedicaba a tener aquello como una patena y regañaba a quien se cruzase en su camino si acaba de fregar como si fuesen sus hijos, aquellos que nunca tuvo.
- Aurora ¿tiene un segundo? Le queríamos preguntar una cosa. Si le decimos Besos de Canela  ¿qué es lo primero que se le viene a la mente?
La mujer les miró con la certeza que finalmente los vapores de los productos de limpieza les habían dañado terriblemente el cerebro.
- Ustedes dos no se encuentran bien.- Replicó confusa
Con un tono burlesco Antonio le incitó, - tranquila, es una cosa en la que estamos trabajando.
- ¿Trabajando? ¿Ustedes dos están trabajando preguntando estas cosas?
La suave mirada de Luís, le hizo contestar entonces.
- A tardes de sábado con mi madre en la cocina haciendo pestiños. 
- Muchas gracias querida, nada más.- Comentó Luís  dirigiéndose cariñosamente a ella, mientras echaba una mirada divertida a su compañero. – Vamos por otra persona.
Mientras la mujer se alejaba por el pasillo comentando para si, como estaban las cabezas en esa oficina, Antonio dijo: Vale, pero ahora soy yo quien elige.
- Es más, te insto a hacerlo.- El tono burlón de Luís sólo hizo que la decisión fuera acompañada de una sensación de calor nada cómoda.
Parados ante la puerta, llamaron con decisión en el despacho que compartían los seres más extraños de la empresa: el informático y el contable. La atmósfera que reinaba allí era peculiar: uno de las mesas era un culto friki a la Guerra de las Galaxias y la otra, el perfecto ejemplo de organización y pulcritud. Si se les hubiera colocado a propósito, no se habría acertado con tan variopinta situación visual.
Antonio animado ante aquellos dos muchachos comento:  -Chicos necesito que me digáis lo primero que se os venga por la cabeza. A ver: Besos de Canela.
El contable jugeteando con una miniatura de R2D2 dijo sonriendo: - A natillas-. El otro sin mover un músculo en su inmaculado escritorio exclamo: - odio la canela, pica-.
- ¿Pica? ¿Cómo que pica?- Grito Antonio
- Gracias chicos, una aportación inestimable. Vamos Antonio, terminemos esto.
En el pasillo los dos hombres se miraron.
Con la tranquilidad de la convicción Luis dijo: - Es un nombre en que cada uno tiene un recuerdo, una evocación. Simplemente no te paraste nunca a pensarlo, pero es un buen recurso, piénsalo esta noche. Y se fue.

Antonio llegó a casa y se dirigió a la cocina, tomó el frasco de canela y lo olió. En ese momento su mujer llegaba a casa.
- ¿Qué tal el día querido? ¿Qué haces con eso?
- Ana, si te digo que te evoca Besos de canela ¿Qué dirías?
- Cosas del trabajo otra vez ¿verdad? Mira, la canela me recuerda a cuando era niña e iba a ver a mis tíos a su pastelería. Pero veo que tú no tienes algo que te venga a la cabeza.
- También me ha sorprendido cuando han dicho que era picante - Replico pensativo y cabizbajo
- Lo es si la tomas sola. Es una especia generosa para la cocina, dulce y picante a la vez. Y no sólo se utiliza en  cocina, por sus propiedades es buena y recomendable para la salud y la belleza.
Antonio la miró implorando su ayuda. Entonces ella tomó el frasco, se echó un poquito en la mano y se la comió. Salivó la esencia y se relamió. Se acercó despacio a su marido y dejó que oliera la canela de sus labios.
Antonio la beso la boca gustando su sabor y luego se besaron largamente.
La cara de sorpresa al sentir un dulce picante en la boca hizo que ella se echara a reír. Desabrochándose la blusa camino de la habitación, mirando pícaramente a su marido e invitándole a seguir descubriendo posibilidades a su “tarea”.
Antonio cogió el teléfono y le mandó un mensaje su compañero “tienes razón besos de canela es perfecto”.




lunes, 24 de marzo de 2014

Yolirelatos: Olor hierbabuena

A la sombra de la parra el sol de la tarde se filtra entre las hojas con un calor pesado, casi aplastante y pegajosa sensación en la piel.
Dormitaba sobre una tumbona con el duermevela de la tarde y el olor a hierbabuena le hizo abrir los ojos. Aquella casa cargada de recuerdos de infancia donde regresaba siempre que podía con una añoranza de entonces.
Se movió pesadamente y el sabor pastoso de la boca hizo que se desvelara del todo, la limonada que hace unas horas le había parecido lo más refrescante inimaginable había quedado reducida en poco tiempo a azúcar y todo aquel calor no hacía más que incrementar la sed.
Se levantó y al estirarse rozó con las manos las hojas de aquel árbol. Sonrió y de manera consciente acarició las ramas altas de la parra dejando pasar en ese instante, intensos rallos de sol.
Entró en la casa y el contraste de temperatura le hizo sentir un leve escalofrío. Caminaba despacio por el corredor mientras sus ojos se adaptaban a la refrescante oscuridad.
Pensó que se podía haber quedado dentro de la casa “a la fresca” como decía su abuela Herminia, pero hacía tanto tiempo que todas aquellas sensaciones no regresaban a ella, que no pudo más que sucumbir al calor, el olor y dejarse llevar por un momento inerte del tiempo que se convirtió en una siesta de verano.
Se refrescó, bebió agua y cogió su pequeño ordenador, al pasar por la cocina su tía Adela le espetó: “chica olvidaté un poco más de la tecnología, estás en el campo”, le dedicó una sonrisa llena de ternura y salió de nuevo al jardín.
Su tía había dedicado su vida a cuidar de su madre, la abuela Hermina, mujer recia de campo y viuda de joven con dos niñas a su cargo. Su madre casó pronto y se fueron a la ciudad donde nació ella, mientras su tía no “tuvo suerte con los hombres”.
Adela era una mujer pequeña, dulce y con una medio sonrisa cosida en la cara, ese gesto que hiciera que nunca  se supiera cuando podía estar enfadada, que le daba sensación de fragilidad y sin embargo, era una de las personas más fuertes y llenas de energía que había conocido nunca, siquiera Lucía su hermana, con la que compartía cualidades, pero es que nadie tenía esa vitalidad.
Una vez murió la abuela, Adela se quedó sola en aquella casa enorme y ella la hizo suya entera. Fue algo mágico, como si aquella mujer estuviera esperando su momento para ser sencillamente ella, ni hija, ni hermana, ni tía.
Cambio el color de todo dentro y fuera, la huerta se hizo un inmenso jardín dejando los árboles de toda la vida. Abrió ventanas y tiró recuerdos, los justos que no eran más que reliquias y las pocas cosas que conservó las desperdigó por la casa tan delicada y sutilmente que sentías el alma de los que allí vivieron. Le encantaba aquel lugar y reconocía el maravilloso trabajo de su tía.
Cuando decidió que quería pasar una temporada en el campo para escribir no tu tuvo dudas “con la tía que me voy” y cuando se lo consultó a ella, le dio la alegría de su vida.
Llevaba 3 días allí se había dejado cuidar y mimar resonando bocados de infancia desde el primer momento,  aunque lo que necesitaba era empezar con ello, así que se sentó, abrió el portátil y mientras se arrancaba apareció su tía frente a ella: “Gracias hija. Gracias por decidir venir aquí, por tener la valentía de cumplir tu sueño, por querer contar la historia de las mujeres de tu familia. Serás mi sobrina, pero me recuerdas tanto a mi” y desapareció dentro de la casa.
Durante unos instantes apenas reaccionó, un nudo de emoción le apretaba el corazón, suspiró y comenzó a escribir:
“Laura se a había enamorado de un joven soldado destinado las Colonias de Cuba, rondaba mil ochocientos noventa y tantos. Justo antes de partir, le había pedido en matrimonio a la sombra de una parra en un terreno que había comprado para ella……..”

martes, 18 de marzo de 2014

Yolirelatos: un lugar del parque

La primera vez que la vi se paró el tiempo.
Alta, delgada y elegante. Estaba lejos pero la sentí tan cerca que me di la vuelta, dejé de hacer y la miré sin mover un músculo del cuerpo, sólo los ojos que la seguían perderse entre los paseo del parque.
Me senté, y aunque el resto de los amigos insistieron en continuar con el juego no podía, era tal la perturbación que me supuso sus formas y movimientos que nada más quería que volver a verla.
Volví a casa y continúe con la rutina; comer, dormir, algo de tele, no estaba para mucho más. No sé porqué me sentía así. 
Escuchaba distante a mi compañero de piso como charlaba, intentaba llamar mi atención y aunque estaba receptivo, simplemente me sentía despistado ya que de vez en cuando, me venía de nuevo su caminar lejano.
Al día siguiente insistí en volver al mismo sitio y la misma hora. Mi compañero me preguntó porque iba tan deprisa. Es verdad, que no es que me gustase particularmente ese parque, había otros lugares de la ciudad fantásticos para pasear, jugar, perderse aunque claro, aquel de repente pasó a ser algo especial desde ese momento.
Pasamos gran parte de la mañana caminando por allí, aunque no sabía a ciencia acierta cual hubiera sido camino anterior y la incertidumbre de saber si volvería de nuevo pero, no apareció.
Una semana más tarde había perdido la esperanza de encontrarla, aunque eso no fue inconveniente para imaginar como podía ser. Parecía tan guapa, me fije en su manera de caminar, era lo más elegante que nunca había visto, movimientos naturales, perfectos sin artificio, además me parece que debe correr mucho, tiene la musculatura fina y potente a la vez. 
No creo que fuera altivez, eran sus formas que le daban ese aspecto como de princesa de aquellas películas antiguas, que a mi compañero le encantaban y más de una tarde habíamos visto. Me contaban como eran, lo que serían y creo que me ha pegado que me ponga a divagar sobre ella.
El otro día sin querer, me vino de nuevo a la cabeza justo cuando me encontré frente a el espejo. En caso de verla de nuevo ¿se fijaría en alguien como yo?  Si, tengo fuertes las extremidades pero algo pequeñas y las orejas..... Mi compañero me dice muchas veces que soy fuerte e inteligente. No es falta de autoestima es que nunca lo he valorado, también es verdad que nunca me fijé en alguien con ese aspecto.
Quien no escuchó que las apariencias engañan y que lo importante era ser buen tipo, yo creo que lo soy. Me relaciono bien, tengo un montón de amigos con quienes comparto miles de actividades y en el parque, allí me conoce todo el mundo y con todo el mundo me llevo bien.
Ayer apareció de nuevo en lo alto del camino y, cual no fue mi asombro que vino corriendo donde estábamos nosotros. Lo mejor de todo ha sido cuando nos olfateamos, sonreímos y comenzamos a correr juntos. Fuimos por la pelota que me encanta me tiren y recoger, le dejé que ella la persiguiera también, hasta hartarnos y creo que nunca lo había pasado tan bien. Nos despedimos alegres y sabiendo que volveríamos a encontrarnos de nuevo.
No sé donde llegará esto pero es la dálmata más bonita que he visto nunca y yo el basset más afortunado de la tierra. ¡el árbol del portal! Un pis y a casa.



lunes, 27 de enero de 2014

Diario de una Gatoprimeriza. Los Orígenes

Nunca he sido de esas personas que desde pequeñas tienen unas “metas que alcanzar" en su vida, y llegada
Las mascotas que nunca tuve
a cierta edad sino se han visto cumplidas esas expectativas aparecen los momentos de frustración.
Recuerdo de niña en el colegio, allá cuando tenía tal vez 9 o 10 años, las niñas vivían en la certeza de casarse y tener hijos, como gran logro personal. A mi particularmente, me espantó el simplismo y línea vital con que nos metían en nuestras pequeñas mentes. Bueno me espantaba más que nadie  lo cuestionase, es lo que tiene ser rara desde la tierna infancia.
Eso sí, reconozco que había algo que me frutaba respecto con aquellos niños: tenían mascota. Aunque esa mascota en casi todos los casos era perro.
Porque yo soy más de felino. 
Los gatos siempre me han gustado mucho, demasiado. Les encontraba misteriosos, independientes, graciosos, hábiles y sobre todo muy de estar a lo suyo. “Así como tu”,  palabras maternas, palabras sabias.
Los perros también, me encantan los animales en general, pero de otra manera.
A mi padre no le gusta los animales, punto. Le dan miedo pues de pequeño fue atacado por un perrazo que le hizo daño no sólo físico. Con lo cual lo único que entraba en casa de mascota eran pajaritos. Y fueron muchos plumíferos amigos lo que tuve.
Pero ni gatos, ni perros. Nunca.
La vida da mil vueltas y aunque de buena fe, parece que me buscaba compañeros que los gatos les producían el rechazo social y absurdo de a la mayoría.
Siempre achaqué de que quien piensa que los gatos son traidores, y con el lema de “los perros es que te quieren porque sí” es un poco de autoestima compensada con el amor incondicional del can.
A lo que iba, lo único que he deseado en la vida y me causó un su grado de frustración fue tener un minino, así que cuando hace unos meses y después de hablar de ello con mi chico más de una ocasión y como si realmente hubiera esa posibilidad, sintiéndome alentada interiormente, hice algo que no suelo hacer por aquello de las frustraciones antes mencionadas; volvieron mis ganas de tener un gato, inquietas y calladas.
Empecé a fantasear con esa idea de tener un felino en casa. Comencé a leer y a escuchar a mi chico, que ha sido uno de esos afortunados que desde siempre ha convivido con animales, encontrando de  lo más natural hacerlo, y que no lo había valorado por somos muy de andar siempre por ahí, sin horas. Sin orden ni concierto, que es músico.
Cleo, en su minuto uno en casa
Y un buen día sin dar tiempo a nada, apareció un minino en mi vida. Vino con un pan bajo la patita, ya que apareció con todo el ajuar: camita, transportín, caja, arena, comida para casi una semana…..
Una gatita chiquita, callejera, que andaba con sus hermanos grandes y recios. Era pequeñaja, débil y con hambre de todo. Negra menos un mechón blanco en la pechera.
En el coche de vuelta a casa, sin dar crédito a que se había cumplido el único sueño que me he permitido tener, íbamos pensando como llamar a ese pedacito de alegría. Tenía que ser algo corto, sonoro y poderío. ¿Cleo? Si, pero mejor Cleopatra la reina del Nilo, esa que hizo tambalearse el mundo poderoso de Roma.
Desde el minuto uno se pegó a nosotros como un mejilloncito y yo descubría todo un mundo dentro en esa cosita que nos perseguía por toda la casa. Cariñosa y sociable, se dejaba coger, acariciar se dormía en nuestros brazos tranquila o se espatarraba para nuestro asombro.
Cleo tomando posesión la cama
Que de sensaciones y vivencias empezaron a amontarse cada día. Me emocionaba cuando llegaba a casa y venía corriendo con ganas que le acariciase, como jugaba y lo confiada que era, hasta que se le rellenaba el plato de comida, entonces parecía que había que llamar al exorcista. Con cara de enajenada y sacando unas uñas como alfileres se tiraba sin contemplaciones al plato. Seguramente la dulce gatita había pasado todo el hambre del mundo, y que su tamaño no se debía exclusivamente a que era hembra.
Y fue gatita durante un mes y medio, porque un buen día después de salir de clase hablé con mi chico para esas cosas de coincidencia hogareña: "que llego, que me voy, que vale, que yo también"…. Y sorpresa, que no se iba y que tenía noticias: Cleopatra era Ramses. A parte de las risas que nos hemos dado a costa de eso, y como apareció la “evidencia” ante los asombrados ojos del trompetista mientras jugaban, fue toda una conmoción.
Robándome el corazón 
Es que realmente era muy pequeño, tanto que no había ni desarrollado su cuerpito y contando ya con una edad en que había cambiado los piñines (dientes) de leche incluso, el resto no había despuntado. Esa tarde lo hizo con todo su esplendor y nosotros respondimos proporcionalmente de descolocados.
Menos mal, que la guerra de la galaxias siempre aporta cordura y sensatez en la vida, así que para digerir el acontecimiento nos vimos la trilogía (la primera, la de Luke, obvio).
La bola de pelo se ha quedado con Cleo y a no ser que se suframos un lapsus el género, ya lo tiene definido. 
Estoy tan loca contenta, tan sorprendida, tan alucinada, tan encantada, tan todo que me he dicho: "yo esto tengo que contarlo".
Y así haré.






lunes, 13 de enero de 2014

Las líneas torcidas del tango

Considero el mes de mayo de 2009 el momento en que pude acercarme a una milonga (El Templete) y quedar atrapada en este mundo. Aunque hubo un antes.
Hubo un antes unos años atrás, esas temporadas que podemos llegar a tener algunos cuando se ha roto con una situación  e intentas recomponerte, haciendo actividades  varias que te ayuden a esclarecer lo maltrecha que ha quedado tu vida. Así que una de las actividades a la que me asomé fue bailar lo que fuese.
En su momento hice durante unos años baile de salón, así que por ahí intenté retomar el tema llevándome la gran decepción. No sé porqué todos los bailes había cambiado, teniendo muchos un olorcito salsero importante. Que bien, por supuesto, pero esa sensación que así el común de los mortales que se echaban en brazos de la danza en pareja sólo tendrían que aprender un par pasos básicos y los demás tendrían alguna variación. Y si, pero no.
También lo intenté con danza del vientre, que me aburrió sobremanera, bollywood cuya energía estuvo a punto de ganarme para siempre y alguna otra cosa más.
Por aquellos días conocí a un chico argentino que me comentó de unos amigos que eran bailarines de tango, actuaban en un local de vez en cuando y eran profesores. Sabiendo aquello una noche fui a verlos. Me gustó, me pareció bonita la coreografía y todo aquel “escenario” tanguero, pensé “yo quiero de eso”, así que me apunté a sus clases.
Por supuesto que lo que yo quería era bailar tango en algún lugar a modo de salón o latinos, ir a clase y luego bailar con otra gente, conocer y poco más, aunque lo que realmente fue "y poco menos".
Recuerdo que la primera “clase de tango” fue de lo peor de la vida. Entré en un lugar donde todos estaban emparejados y a mi me dijeron: “tienes que aprender esto que es el paso básico”. No tenía ni idea así que sola, en un rincón de una sala abarrotada me puse a…. a….. a…. a no sé qué narices hice durante casi una hora, sin tener la certeza de que iba aquello y para que había pagado diez eurozados en un rincón haciendo ¿qué?. Estuve a punto de pillar el bolso y mandar a zurzir todo aquello. Aunque lo que hice fue respirar profundamente e intentar relajarme, ya que es cierto que andaba pelín nerviosa por otros temas personales, así que les dije a los “profesores” que no estaría de más un poco de caso, por favor (soy educadísima) y si eso, hasta la semana siguiente.
Y la semana siguiente volví con un “paso básico”  aprendido, insegura personalmente y sin saber exactamente qué. Me pusieron con alguien quien me comentó que llevaba bailando un par de años y yo, con mi  escasa una hora de vuelo no puse en tela de juicio su buen hacer. Entonces empezó la segunda primera clase. Una de las cosas que no llegaba a comprender es, como un tipo que tenia 2 años a sus espaldas le ponían con alguien que no sabía nada, simplemente por temas de altura. Creía que este hombre además de desesperarse, se iba a aburrir como una ostra milonguera, y entonces llegó la sorpresa: “bailas muy bien”. ¿Qué bailo muy bien? ¿Qué bailo muy bien qué?. La clase consistió en enseñarnos una secuencia. Entonces era cuestión de ver como iba aquello y aprender de memoria el paso. No había marcas, no había postura, no había técnica. Lo ví, entendí e hice. Ese fue mi gran mérito tanguero.
Los meses sucesivos fueron exactamente igual. Como mucho con un par de chicos que fueran armoniosos en altura conmigo, aprender unas serie de pasos coreografiados con más o menos soltura y con cada día menos entusiasmo. Hasta que pregunté: ¿dónde puedo ir a bailar? Y la profesora me dijo: “Ché que impaciente que sos, nosotros hacemos unas fiestas para alumnos, vení a tomar mate”. Y fui a una fiesta a “bailar” y tomar mate.
Debía de tener tantas locas ganas de bailar y soltarme de una vez en todo aquello, que reconozco lo pasé muy bien en aquella fiesta, que de milonguera tenían lo justo.
Tarde un par de meses más en darme cuenta que lo mío no era el tango, que me aburría soberanamente, y que desde luego había idealizado aquello, porque no me valía la pena pagar un dinero por aprender pasos, pasos y más pasos. Cada vez que preguntaba por algún otro lugar donde se podía bailar comenzaban a hablarme de lo malísimos que eran los milongueros y milongueras. Gente borde, cerrada, que no admitía novatos y que me iban a rechazar de plano.
Al final todo aquello quedó en agua de borrajas, porque un buen día dejé de ir a clase. Dejé todo aquello aburrida y harta de gastar tiempo y dinero, para que me dijesen que bailaba muy bien y vamos a hacer fiestas argentinas para contentar al público.
Fue una decepción. Así que cuando unos años después alguien me dijo: “en el Retiro hay una milonga al aire libre”, me faltó tiempo para ir a ver aquello. Y aquello no tenía nada que ver con nada. Siempre voy a recordar aquel día con fascinación de no entender nada y la gratitud de unos de los anfitriones a contarme en qué consistía aquello.
A la semana siguiente me acerqué con unos zapatos de tacón, con incertidumbre e inseguridad pero fui y alguien me sacó. En aquel mundo del que me había hablado como lo peor me sacaron a bailar, y no bailé volé, sin entender nada, simplemente me dejé llevar por el lugar, la música y el agradecimiento a aquellos que me invitaron a probar.
Después vinieron otras clases para corregir y mostrarme en qué consistía realmente todo aquel mundo. Me resultó increíble pensar en que había invertido aquellos meses, porque no tenía nada que ver una cosa con otra. Aunque bueno, todo tuvo su momento.
Alguna vez después me encontré en alguna milonga con esos antiguos compañeros, perdidos y en grupo como animales asustados de fiestas argentinas, bailando entre ellos y mirando con desconfianza a los demás bailarines. Ni que decir el pelotón de fusilamiento ocular cuando me vieron bailando con todos, integrada y por fortuna para mí, sin rastro de aquellos pasos aprendidos. Me dio cierta vergüenza ajena cuando alguna una vez escuchaba a alguien diciendo: estos aprendices que no salen del paso básico en mitad de la pista interrumpiendo, cuando esas personas llevaban años, muchos años yendo a clases baldías.
Hace tiempo que ya no les veo, sé que muchos continúan en aquellas clases, con sus fiestas y profesores. Espero se lo estén pasando la mitad de bien que lo hago yo cuando salgo, me apena en cierta manera, porque no sabrán lo que es encontrar unos brazos energéticos que te hacen perder la cabeza, conocer gente de cualquier lugar del mundo, sonreír con el alma y enamorarte de un desconocido bailando a Angelito Vargas y sobre todo, no tener que esperar con impaciencia la “fiesta”, porque en Madrid si quieres, todos los días tienes una fiesta milonguera preparada para tus zapatos.
Ni mejor ni peor, lo que buscaba no lo tenía definido aunque si claro, necesitaba un momento analgésico y cumplió su función. 
Lo de ahora.... lo de ahora sí que es otra historia, y llena de vida.


jueves, 9 de enero de 2014

La Princesa del Pueblo y Otros Orcos Casposos

Echando el ojo matinal por las redes sociales me llamó la atención  un “tuit” que “retuiteaba” uno de Belén Esteban, a propósito que el libro de esta está siendo líder de ventas, va más allá de la séptima edición y claro, el comentario de la Esteban era casi inteligible.
Por supuesto que estoy sorprendida, como seguro muchos en este país y no dejo de preguntarme como puede ser que esta señora ande siendo Best Seller, o como es posible tenga tirón y sea imagen de ninguna marca. Pero ahí está la mujer.
Hace años, cuando iba pasar la tarde con mi madre, la situación muchas veces me llegó a sacar de quicio porque  yo iba a ver a mi santa madre y contarnos, aunque por teléfono lo hiciera a diario, era por estar con ella por supuesto y hablar de lo que fuera. El resultando de ese “lo que fuera” consistía a tener tele5 con el “Sálvame diario” y los mismos personajes de siempre gritándose y sacando unos trapos sucios realmente denigrantes. Aunque lo ofensivo de verdad, me parece el dineral que mueve el programa y los sueldos diarios que se embolsan esos casposos personajes.
Salía enfadadísima por haber tenido que soportar esos programas estresantes llenos de gritos, amenazas y el venenoso tufillo que se ríen de su público, el cual hace suyas las historias que allí se lanzan y exhiben sin pudor ninguno.
No sé exactamente cuando fue el momento en que me di cuenta lo que significaba para mi madre. Tengo que decir que no me hablaba de ellos como si fueran algo de su vida , incluso era bastante crítica con las cosas que ocurrían en el plató, pero le entretenían.
Mi madre estaba muy enferma, apenas tenía autonomía y pasaba la mitad del tiempo en la cama o en el sillón. Dependía de quien estuviera alrededor, además de aparatos que le diesen una calidad de vida digna mientras se deterioraba irremediablemente ante nuestros ojos.
A ella le entretenía y le llenaban los largos días de enfermedad que eran casi una condena.
Y empecé a “ver” el programa con otros ojos que no gusto,  me parecía y parece una cosa horrible, me enerva y saca de mis casillas si soy conciente de cuales son los méritos que hacen que todos esos personajillos para que estén en la pantalla día tras día, comiendo, bebiendo, haciéndose los ofendidos y hablando como se mueven por los saraos de la "flor y nata" del país. Aunque una de las cosas que más me sorprende es como están con el móvil en mano, mandando y recibiendo como fuente fiable para verter comentarios tremendos.
Entonces acepté la situación.
Así que en tardes me sentaba con ella y hablábamos sobre lo que allí ocurría como si tal cosa. Pasamos momentos desternillantes, que agradezco infinito haber podido compartir y no pararme a juzgar por qué veía aquello y menos,  reprenderla por eso. Cosa que hice muchas veces antes.
Ahora que no está hago lo mismo con mi tía (su hermana mayor), que sobrepasa las ochenta castañas, quedó viuda recientemente y se entretiene viendo todas esas marionetas carísimas y sobradas.
Reconozco que Belén no me cae mal. Me parece un muñeco roto que se ha terminado creyendo su vida de papel couche, aprovechándose de ello y adjudicándose el papel de Princesa del Pueblo. Quien veremos como ronda en la vida es su hija Andrea, a la cual le deseo no caiga en la misma trampa facilona que el resto de su patética familia, la de papá y mamá.
Ese libro se lo leerán muchas personas por curiosidad, lo ojearán y se lo están comprando “qué se lo quitan de las manos”.
Retocada entera, ex-adicta (dice), con más peso, choni se ponga como se ponga y vendiendo productos de calidad choni como si fueran la panacea. Ahora escribe (que no escritora) y entreteniendo a montones de personas confesas o no, que se han asomado a su vida de forma cotidiana o esporádica, pero todos por suerte o por desgracia sabemos quien es sin género de duda.
Mi última confesión sobre todo este mundo de brillo falso, me da miedo ya no que las personas de edad más allá de la jubilación, señoras y señores que también se lo meten pal’cuerpo, porque les resulta más entretenido mirar las vidas de otros que la suya propia, sea asiduos de estos programas y petardos sino que hoy por hoy, mucha gente que se le presupone un mínimo de inteligencia y coherencia, hagan suyo también ese modo de vida y le hagan oídos.
Porque los orcos fueron inocentes Elfos, los cuales fueron corrompidos (pretérito perfecto simple... y llanamente), sometidos a terribles torturas hasta mutar en engendros aborregados y seguidores descerebrados de un líder temible.
Pues eso te digo.