un momento que la están peinando

lunes, 29 de diciembre de 2014

La noche que vi a Papá Nöel

Justo el domingo anterior a Nochebuena, terminado otro momentazo Tropezón regresaba a casa pensativa en las fiestas que se avecinaban. Aún no teníamos los 2 o 3 grados bajo cero nocturnos que ya si estamos disfrutando, pero hacía el suficiente para abrigarte y más después de bailar hasta el final.
Así que parapetada con la indumentaria invernal de no dejar más que los ojos al aire y tampoco, que ya me había colocado las fantásticas gafas que no sólo me quedan fetén sino que me hacen ver la vida bastante más clara, iba caminito de casa dándole vueltas a las emociones.
El acercarme a estas fechas me crea una cierta ansiedad. En casa no somos precisamente católicos practicantes y si no fuera por que todos los mensajes que van clamando por las entrañables, pasarían sin pena ni gloria.
Voy a confesar que el año pasado no saque ni un adornito navideño y ni lo eché de menos. Pasaron las cenas, uvas y roscones y entonces me asalto una pena infinita no haber puesto una bolita o espumillón desnutrido porque a mi madre le encantaban. La casa se llenaba de discusiones, villancicos, llamadas y adornos. Turrón poco, aunque siempre había algún trozuelo rondando por los paladares paternos. Así que una vez pasaron estas fechas me dio una tontería y me pegué una llorera que este año he remediado sacando las 3 cositas navideñas, que ni cuenta te das que no están, pero a mi corazón le vale.
Cavilaba sobre el bombardeo de los medios de comunicación y marcas comerciales de todo pelaje que nos dicen que es Navidad aunque no la de toda la vida de Dios en España, sino la que viene de EEUU, con su black friday, ciber monday (todo eso de los cojones), Papa Noel, mensajes de paz, buen rollo, alegría que te dan ganas de tomar almax para las emociones. 
Todos esos pensamientos los iba intercalando mientras caminaba y encontraba más de un portal en el que había alguien durmiendo entre cartones.
Ninguno era un portal de Belén y allí no había nadie adorando, ni presentando respetos. De hecho vivimos en un lugar donde últimamente a cualquiera le minan la dignidad y el respeto, eso sino quieres calentarte del todo con un multón por no tener ni para comer... pero esto es para la gata harta, no por aquí.
En eso estaba la mente pasando entre las fiestas, lo afortunada que era a pesar de todo y con el corazón encogido por tanto indigente acurrucado intentando pasar la fría noche.
Entonces a cierta distancia de donde me encontraba, vi a alguien que estaba inclinado sobre un saco de dormir con unos cartones alrededor haciendo algo, con una bicicleta justo al lado. Reconozco que me entró algo de inquietud porque ya una se espera cualquier cosa y robar a quien esta viviendo en la calle y no tiene nada tampoco es nuevo. Terminó lo que fuera y tomó la bici y subió la calle en la dirección en la que me encontraba.
A pocos metros había otra persona durmiendo en la entrada a un garaje y el ciclista paró de nuevo a su lado. Claro, poco a poco me iba acercando a la situación y no sabía que hacer si dar la vuelta o seguir. No lo pensé mucho y continué con paso firme y acercándome a la escena.
Llevaba una chaqueta roja y un gorro oscuro. Sacó de una bolsa que llevaba colgando del manillar un inmenso bocadillo envuelto en papel de plata y una lata de refresco, colocándoselo al durmiente entre sus escuetas pertenencias, quien no se enteró de lo que estaba ocurriendo. Para eso casi se había echado prácticamente encima dejarlo de forma segura. Terminó, se guardó la bolsa en un bolsillo y justo en ese momento pasaba por su lado con el corazón latiéndome a mil y con un guiño me regalo una sonrisa cómplice . Tomó la bici y marchó en sentido contrario, perdiéndose entre las calles mientras yo me había quedado clavada sin reaccionar.
Fue un instante y eché a andar de nuevo, atónita y asimilando en lo que había visto. 
Llegué a la conclusión llena de emoción que acababa de toparme con el mismísimo Santa Claus, desde luego algo más modernizado y flaco. Si cambias el trineo por la bici, te vistes de rojo y tienes barba y pelo largo desde luego sino eres él, eres un descendiente directo.
Entre en casa emocionada y recibida por mi gato, que es muy de celebrar cada vez que entro por la puerta, no había llegado aún el trompetista. Me senté acariciando a Cleo y una lagrimita apareció. 
Me acerqué al armario, subí a la escalera y bajé tres paquetes. Un arbolito medio destartalado, un belén que es una bola de nieve que se le ha ido saliendo despacito el agua de la esfera y resulta que tengo a la sagrada familia con el agua al cuello (no es metáfora) y una figurita de Papá Nöel. Lo puse por el salón para delicia de Cleo y me acosté. 
Y por aquel ciclista nocturno, reconozco que me he enfrentado a la Navidad de otra manera. 
Gracias Santa




martes, 28 de octubre de 2014

¿Qué Talla de Tango Usas?

Bailar tango es una emoción en cada paso. Recibir el abrazo de tu compañero y navegar entre la pista con pisadas llenas de notas musicales.
Cuando comienzas a bailar te interesa todo, escuchar música, tener ropa más o menos apropiada, encontrar esos zapatos perfectos para tener un bonito caminar a la par de ser cómodos y permitir bailar durante horas sin cansarte y también, empezar a tomar clases.
¿Con quién tomar clases? esa es la pregunta del millón.
Evidentemente si están en un lugar pequeño con una sola oferta, la pregunta huelga y te vas con quien haya.
¿Y si estás en un lugar donde la oferta es variada? eso puede ser más difícil porque sobre todo al principio quieres empezar a bailar y hacerlo ya, con impaciencia.
Para bailar tango, desde mi punto de vista, es necesario y básico tres cosas: abrazar, caminar y escuchar la música. Sencillo ¿no? pues no.
Abrazar es un arte, no sólo enrollar los brazos alrededor de alguien, en el tango tienes que dar algo más con el cuerpo y emoción.
Caminar sabemos hacerlo todos, de habitual para desplazarte necesitas caminar. Sin embargo caminar milongueramente necesitas un swing especial, una cadencia suave, firme y armoniosa. Sin saltos ni estridencias.
Escuchar la música, imprescindible porque tus pasos son qal fin y al cabo el instrumento básico para pisar cada nota, cada verso, cada canción.
Luego hay que elegir profesores. Lo primero que tendríamos que tener claro como son cada una de las ofertas, hay gente más técnica, otros buscan el control corporal, otros las secuencias.... un sin fin de posibilidades.
Cuando hay más de una posibilidad lo idóneo es encontrar los que fluyen más contigo. Por su energía, más potente o más sutil, por como enseñan, sus formas cuando bailan, evidentemente eso lo llevarán a la clase.
Ir a clase implica luego ir a bailar, por muchas clases que tomes si no bailas no te sirve para nada. Es como un idioma, por mucha clases, muchos libros y muchas horas de estudio, sino tienes la oportunidad de hablar, se olvida y no termina de arrancar. Así que tan imprescindible como te pueda parecer una clase, poner en práctica lo que te están enseñando lo es todavía más.
También te pones loco a mirar videos, se te pueden pasar las horas viendo bailar a quienes más te gusten, sin olvidarnos siempre que esas personas son profesionales y las actuaciones que se graban son muchas horas de práctica, ensayos y tienen una coreografía detrás que para eso son profesionales de esto y para bailar en una milonga tampoco es cuestión de ponerse a hacer saltos y cabriolas, básicamente porque hay que bailar con más gente y eso puede incomodar y agredir a alguien.
Una cosa que yo procuré hacer es tomar clases con gente distinta. Cada uno es como es y vi desde el principio que las clases regulares y en grupo no me llamaban, así que preferí hacerme un particular de vez en cuando con los distintos profesores que tengo a mano y sobre todo las clases de técnica de mujer, que siempre me parecieron imprescindibles para las féminas.
Si has tomado clase con más de un profesor que es lo más normal del mundo, más si tienes la suerte de viajar y disponer de más oferta a tu disposición te puedes encontrar con información bien distinta. Me refiero, si ese profesional viene de la danza clásica, contemporánea, milonguero desde chiquitín o una mezcla de todo.
Es de lo más confuso porque te puedes encontrar que cada uno te diga algo diferente. Las rodillas flexionadas, no flexionadas. El abrazo, más arriba, más abajo, más tirando a abierto, más tirando a cerrado. La cabeza, como la colocas. Algunos te hablan de la cadera, otros no. La cadera, disocia, muévela, no la muevas con mucho swing, con poco, procura que los omoplatos se muevan, que no. Los pies, pisa todo, camina con las punta para arriba, para abajo, para los lados.......
En común, el hilo que te sale de la cabeza  y del que te tiran para mantenerte erguido.
¡AAAAAAHHHHH! ¿Que hago, a quien hago caso?
Fácil: a tu cuerpo serrano, con quien tienes que bailar. Contigo, con tu flexibilidad, con tu sentido musical, adapta tu cuerpo a la situación que mejor responda. Porque no eres más que tu. Sino mira a tres de los grandes que me gustan a rabiar: Chicho, Tombari o Arce. Cada uno es de su padre y de su madre. Pues tu igual.
Una vez tengas las herramientas utilízalas para bailar con fluidez, armonía y comodidad. No eres ellos, ni falta que hace.
Esto es como vestirse, por muy bien que le estén a cierta persona un tipo de ropa, a ti te puede quedar bien o como el culo (es mi blog y digo lo que quiero). Lo suyo es adaptarte a las infinitas posibilidades que hay y hacerlo tuyo.
Porque cuando bailas lo haces con tu cuerpo, con sus múltiples cualidades y limitaciones, incluso con tu estado emocional y personalidad. Si eres romántico, energético, divertido, tímido. Todo eso baila contigo. Si eres frágil o fuerte de cuerpo o emocionalmente. También forma parte de tu baile.
Como eres tu y con técnica aplicada a ti y fluye. Es mágico y amoroso.
Bailar es una conversación con otra persona, y como siempre dicen en las relaciones sociales, para el tango también: SE TU MISMO.

sábado, 27 de septiembre de 2014

Abrazos en el Espejo.

El pasado jueves después de ocho años dando abrazos milongueros tenía que cerrar una hermosa milonga en Madrid. Seguro que sólo serán unas semanas que el anfitrión de todo aquello Miguel Moya, nos dará la alegría que encontró lugar nuevo donde volver bailar abrazos, bien milongueros con sus maravillosas tandas que tantas noches nos ha arrastrado a dejar el sillón los jueves y volvernos a todos un poco argentinos en la noche madrileña.
Cuando hace más de 5 años hice la conversión a milonguera dejando atrás el resto de mi vida, en plan psicópata empecé a salir cada noche a bailar,
 sin importarme que al día siguiente madrugase o mis pobres pies quedasen maltrechos después de horas y horas de baile en tacones de 8 centímetros. Cosa que hacemos prácticamente todos los que caemos en las garras de esta fantástica forma de vivir y sentir. Lo de los tacones es también cosa de todas las milongueras sin excepción, aunque a veces claudiques a cómodas zapatilla de baile, que tampoco es cuestión de dejarse la vida y salud que por motivos prácticos necesitas para continuar la noche siguiente.
Cada noche, cada lugar tiene su personalidad, su música, su ambiente. En Madrid todos los que organizan u organizaron (alguna de entonces ya no están) son cuidadosos no sólo con la música, sino el lugar porque saben que quien va allí debe estar a gusto para compartir espacio y tiempo. Evidentemente siempre tienes más "piel" en algunos lugares, sin menos cabo de las demás, por supuesto. Puede que sea simplemente que es de las primeras noches que sales feliz y nerviosa con tus zapatos, sin conocer mucho donde vas y te encuentras un lugar acogedor, lleno de gente disfrutando de la música. Eres recibida como si fueras de allí y tímidamente tomas asiento, te cambias los zapatos y miras entusiasmada el lugar.
Entonces alguien te invita a bailar, que te vió en el templete el otro día y le alegra que continúes animada otra noche milonguera. Bailas y sueñas. Te abrazas y sientes. Te emocionas internamente una vez más.
Continúa la noche y tu con ella, bailando sin parar, sonriendo y conociendo gente maravillosa y siquiera vislumbras que no será una noche más, sino será el principio de muchas similares e intensas allí y en otras tantas milongas que después conocí.
Tal vez por eso La Milonga El Abrazo es tan especial para mi, porque fue de las primeras donde me sentí milonguera formando parte de un todo. El "inconveniente" de ser algo más pequeña en tamaño no le quitaba en lo grande espiritualmente que es y precisamente ese recoleto lugar es especial para una primeriza.
Entonces surgieron muchas más milongas, lugares llenos de emociones tangueras, con más amigos, más tandas y más anfitriones perfectos de la noche madrileña. Ya no te interesa el resto de las proposiciones que te puedan sugerir, has llegado a la estación correcta y has tomado el tango tren que te va a llevar a todas las milongas y no sólo del lugar donde vives. Pero esa es otra historia.
En el Abrazo he conocido mucha gente maravillosa, he bailado muchas tandas increíbles, he reído, compartido charlas, brindado y celebrado mi cumpleaños. Regresé después un tiempo difícil, donde me esperaban las buenas personas del tango. Me han abrazado y he llorado de emoción.
La otra noche, la última en el lugar de las baldosas y espejos en paredes colores tierra, con velas e inciensos bailé como seguro, pronto lo volveré hacer  y entonces tuve un momento de esos que aparecen de vez en cuando. Estaba bailando con los ojos cerrados, como de habitual, aunque en un momento dado los abrí desde una esquina donde sólo vi un espejo lleno de abrazos y amigos. Centrados y concentrados en el hermoso arte de abrazar y bailar. Sólo ví el reflejo, no las parejas, fue la perspectiva del momento. Me estremecí.
Cuando terminé la tanda, después de agradecer el momento compartido fui por la cámara y volví a intentar captar lo que había sentido. Es difícil porque no es lo que ves, es lo que sientes, la intención y situación.
Entonces pensé en las noches que hemos llenado esos espejos de reflejos, nuestra vibración energética que dejaran las emociones, la música, invitaciones, sonrisas, sentimientos ocultos en los rincones de aquellos sillones que durante esos ocho años hemos amontonado zapatos, bolsos, abrigos. Las gafas desperdigadas entre las mesas mientras bailas. Los vasos de plásticos con los que hemos brindado por tantos buenos motivos.
Así que los señores propietarios que tan duros se han mostrado en la negociación para que no podamos repetir un año más se van a quedar solos de alegría y buena energía. Y aunque se esmeren en limpiar les hemos dejado unos espejos llenos de momentos que nunca, nunca van a poder sacar.
Así que deseo y espero que pronto encuentre otro lugar para que esta Milonga nos dé la bienvenida y nos haga pasar otra noche mágica. 
Como despedida del lugar y bien dice Don Miguel Moya: "Muchas gracias pareja de bailarines".
Gracias Abrazo.


miércoles, 26 de marzo de 2014

Yolirelatos: Despedida con Chocolate

Chocolates con licor adentro. Creo que deben ser así como les gustan.
- Se decide entonces por estos bombones ¿no prefiere los de chocolate con leche y frutos secos? Son los que más salida tienen.
- No gracias. Y por favor, son para regalo.
Había aprovechado la fiesta que le iban a dar a una compañera, que dejaba el trabajo porque había decidido que quería escribir un libro y dejaba hasta la ciudad. Bueno aquella mujer era más que una compañera, era una de las personas importantes de su vida, una buena amiga. Era entusiasta, inteligente y divertida, y la iba a echar de menos como no podía imaginar. Contarse confidencias y poder relajarse con alguien como ella no tenía precio.
La caja de bombones para la fiesta era una excusa para acercarse a otra persona, una mujer que había empezado hacia unas semanas y le tenía robado el pensamiento. No se lo había dicho a nadie, siquiera a su amiga. Ella estaba tan contenta con todos los preparativos y expectativas del cambio que no quería molestar con aquello, aunque estaba seguro que ella hubiera sido capaz de abrir el camino a su encuentro.
- De postre he traído bombones.- Dijo saliendo del despacho. Mientras abría la caja miró a su amiga que le regaló una sonrisa y un guiño complice.
- Gracias Santi eres maravilloso, como sabes que me pirria el chocolate con…. ¿licor?
- ¿rellenos de licor? Me encanta. – La voz de ella resonó a su espalda. Cogió uno le dio las gracias con una tímida mirada.
- Era por endulzar tu marcha, que sabes te vamos a echar de menos. Y yo, él que más.
Laura se dirigió a su amigo y agarrándole del brazo le separó del grupo entre risas, con un par de vasos de exquisito plástico llenos de cava.
- ¡Ay Santiago de mis amores ! Tu no has traído ese chocolate para mí, tu lo has traído para…. ¿cómo se llama la nueva Carlota, Carolina, Caridad..?
- Carolina. – Dijo sin dudar, dándose cuenta que acababa de delatarse ante su amiga.
- Como te conozco amigo ¿y por qué no le invitas a salir?
- Así, por las buenas. No sé ni por donde acercarme. Qué quieres que te diga, entre que me quedo sin amiga, el trabajo, la…
- La nada guapo, no le busques tres pies al gato que nos conocemos.
- Pues mejor, así no tengo que decirte nada.
- ¿Sabes? también me da pena dejar todo esto pero claro, el proyecto que tengo entre manos, el cambio de aires, dejar la ciudad…. Estoy feliz de verdad.
- Allí a echar la siesta debajo la parra, dejar que te cuide tu tía y a escribir. Hombre, mal plan no es.
- ¿Verdad? ¿Vendrás a verme?
- Si tú prometes tenerme al tanto.
- Desde que encontré los diarios de mi bisabuela, estoy deseando empezar con ello. Bueno, volvamos con todos... y con Carolina- y soltó una sonrisita maliciosa mientras le dejaba, mirándola y echándola ya un poco de menos.
Que mujer, como apreciaba su amistad y como le conocía. Eso le producía cierta inquietud en muchas ocasiones.
Se acercó a la fiesta de nuevo y casi se le para el corazón. Ahí estaba Laura dándole cháchara a Carolina. No daba crédito lo de esta mujer, tenía miles de cosas que hacer, y antes de nada ya estaba intrigando. ¡Cuánto la apreciaba! pensó sonriendo.
- Bueno chicos, me disculpáis tengo que recoger alguna cosa más y marcharme. Os agradezco todo esto. No os olvidéis de mí- Y la oficina empezó a vitorear y aplaudir a una sonriente Laura, que se fue hacía él, a la vez que hacía un gesto de acercarse a  la chica.
Se plantaron las dos delante de él y mientras Laura le daba dos besos de despedida, dirigiéndose a la mujer dijo: - Si necesitas cualquier cosa, esta es la persona- Y se fue sin más. No necesitaba verle la cara para saber que le dejaba a los pies de los leones.
- Me ha dicho Laura que te gusta salir al monte a caminar.
- ¿Eeeh? Si, si, es verdad. Este sábado voy a dar una vuelta por la Pedriza y…
Interrumpiendo su divagar le asaltó – ¿Te importa si te acompaño? Me apetece un montón y no conozco a nadie y bueno, me dijo que no te importaría…. – mientras sus ojos buscaban el suelo, con la posibilidad que se abriese en ese momento, desaparecer y estar agradecida por siempre.
El estupor de Santiago se mezcló con la alegre sorpresa que le acaba de preparar su amiga. – Por supuesto, estaré encantado que vengas.
- Bien, te paso mi teléfono y charlamos estos días entonces. Gracias de corazón.- Y salió volando de su lado.
Si alguna vez hubiera pensado que existiese alguna persona que tuviera el poder extraordinario de hacer realidad los deseos, nunca hubiera imaginado que además ,fuera su amiga. Como quería a esa mujer.
 Se metió un bombón en la boca y sintió como el licor corría por la garganta. Y él era un bobo porque sabía cuanto le desagradaban los chocolates con licor adentro a su amiga. 

martes, 25 de marzo de 2014

Yolirelatos: Dulce Picante

- ¿Besos de Canela?... ¿cómo que Besos de Canela?
- A mi me suena perfecto.
- ¿Perfecto? Creo que estás desvariando. ¿Cómo vamos a ponerle Besos de Canela
- ¿No te parece evocador? Cada uno de los conceptos es un mundo, todo en su conjunto; un universo de emociones.
- No pensaba que eras tan ñoño.
- ¿Ñoño? A mi me parece que tu vas de tipo duro o es que no has tenido experiencias suficientes, como para darte cuenta de lo sugerente que puede ser.
Aquella reunión que se presumía tranquila resultó totalmente al contrario. Luís se levanto y mirando fijamente a Antonio le dijo:
- Qué te parece si en vez de criticarlo tan descarnadamente, vamos y le preguntamos a algunas personas que es lo primero que les viene a la cabeza cuando les dices Besos de Canela.
Antonio se levantó desafiante: - De acuerdo. Ya estamos tardando amigo.
Salieron al pasillo y en ese momento apareció Aurora, la señora que se dedicaba a tener aquello como una patena y regañaba a quien se cruzase en su camino si acaba de fregar como si fuesen sus hijos, aquellos que nunca tuvo.
- Aurora ¿tiene un segundo? Le queríamos preguntar una cosa. Si le decimos Besos de Canela  ¿qué es lo primero que se le viene a la mente?
La mujer les miró con la certeza que finalmente los vapores de los productos de limpieza les habían dañado terriblemente el cerebro.
- Ustedes dos no se encuentran bien.- Replicó confusa
Con un tono burlesco Antonio le incitó, - tranquila, es una cosa en la que estamos trabajando.
- ¿Trabajando? ¿Ustedes dos están trabajando preguntando estas cosas?
La suave mirada de Luís, le hizo contestar entonces.
- A tardes de sábado con mi madre en la cocina haciendo pestiños. 
- Muchas gracias querida, nada más.- Comentó Luís  dirigiéndose cariñosamente a ella, mientras echaba una mirada divertida a su compañero. – Vamos por otra persona.
Mientras la mujer se alejaba por el pasillo comentando para si, como estaban las cabezas en esa oficina, Antonio dijo: Vale, pero ahora soy yo quien elige.
- Es más, te insto a hacerlo.- El tono burlón de Luís sólo hizo que la decisión fuera acompañada de una sensación de calor nada cómoda.
Parados ante la puerta, llamaron con decisión en el despacho que compartían los seres más extraños de la empresa: el informático y el contable. La atmósfera que reinaba allí era peculiar: uno de las mesas era un culto friki a la Guerra de las Galaxias y la otra, el perfecto ejemplo de organización y pulcritud. Si se les hubiera colocado a propósito, no se habría acertado con tan variopinta situación visual.
Antonio animado ante aquellos dos muchachos comento:  -Chicos necesito que me digáis lo primero que se os venga por la cabeza. A ver: Besos de Canela.
El contable jugeteando con una miniatura de R2D2 dijo sonriendo: - A natillas-. El otro sin mover un músculo en su inmaculado escritorio exclamo: - odio la canela, pica-.
- ¿Pica? ¿Cómo que pica?- Grito Antonio
- Gracias chicos, una aportación inestimable. Vamos Antonio, terminemos esto.
En el pasillo los dos hombres se miraron.
Con la tranquilidad de la convicción Luis dijo: - Es un nombre en que cada uno tiene un recuerdo, una evocación. Simplemente no te paraste nunca a pensarlo, pero es un buen recurso, piénsalo esta noche. Y se fue.

Antonio llegó a casa y se dirigió a la cocina, tomó el frasco de canela y lo olió. En ese momento su mujer llegaba a casa.
- ¿Qué tal el día querido? ¿Qué haces con eso?
- Ana, si te digo que te evoca Besos de canela ¿Qué dirías?
- Cosas del trabajo otra vez ¿verdad? Mira, la canela me recuerda a cuando era niña e iba a ver a mis tíos a su pastelería. Pero veo que tú no tienes algo que te venga a la cabeza.
- También me ha sorprendido cuando han dicho que era picante - Replico pensativo y cabizbajo
- Lo es si la tomas sola. Es una especia generosa para la cocina, dulce y picante a la vez. Y no sólo se utiliza en  cocina, por sus propiedades es buena y recomendable para la salud y la belleza.
Antonio la miró implorando su ayuda. Entonces ella tomó el frasco, se echó un poquito en la mano y se la comió. Salivó la esencia y se relamió. Se acercó despacio a su marido y dejó que oliera la canela de sus labios.
Antonio la beso la boca gustando su sabor y luego se besaron largamente.
La cara de sorpresa al sentir un dulce picante en la boca hizo que ella se echara a reír. Desabrochándose la blusa camino de la habitación, mirando pícaramente a su marido e invitándole a seguir descubriendo posibilidades a su “tarea”.
Antonio cogió el teléfono y le mandó un mensaje su compañero “tienes razón besos de canela es perfecto”.




lunes, 24 de marzo de 2014

Yolirelatos: Olor hierbabuena

A la sombra de la parra el sol de la tarde se filtra entre las hojas con un calor pesado, casi aplastante y pegajosa sensación en la piel.
Dormitaba sobre una tumbona con el duermevela de la tarde y el olor a hierbabuena le hizo abrir los ojos. Aquella casa cargada de recuerdos de infancia donde regresaba siempre que podía con una añoranza de entonces.
Se movió pesadamente y el sabor pastoso de la boca hizo que se desvelara del todo, la limonada que hace unas horas le había parecido lo más refrescante inimaginable había quedado reducida en poco tiempo a azúcar y todo aquel calor no hacía más que incrementar la sed.
Se levantó y al estirarse rozó con las manos las hojas de aquel árbol. Sonrió y de manera consciente acarició las ramas altas de la parra dejando pasar en ese instante, intensos rallos de sol.
Entró en la casa y el contraste de temperatura le hizo sentir un leve escalofrío. Caminaba despacio por el corredor mientras sus ojos se adaptaban a la refrescante oscuridad.
Pensó que se podía haber quedado dentro de la casa “a la fresca” como decía su abuela Herminia, pero hacía tanto tiempo que todas aquellas sensaciones no regresaban a ella, que no pudo más que sucumbir al calor, el olor y dejarse llevar por un momento inerte del tiempo que se convirtió en una siesta de verano.
Se refrescó, bebió agua y cogió su pequeño ordenador, al pasar por la cocina su tía Adela le espetó: “chica olvidaté un poco más de la tecnología, estás en el campo”, le dedicó una sonrisa llena de ternura y salió de nuevo al jardín.
Su tía había dedicado su vida a cuidar de su madre, la abuela Hermina, mujer recia de campo y viuda de joven con dos niñas a su cargo. Su madre casó pronto y se fueron a la ciudad donde nació ella, mientras su tía no “tuvo suerte con los hombres”.
Adela era una mujer pequeña, dulce y con una medio sonrisa cosida en la cara, ese gesto que hiciera que nunca  se supiera cuando podía estar enfadada, que le daba sensación de fragilidad y sin embargo, era una de las personas más fuertes y llenas de energía que había conocido nunca, siquiera Lucía su hermana, con la que compartía cualidades, pero es que nadie tenía esa vitalidad.
Una vez murió la abuela, Adela se quedó sola en aquella casa enorme y ella la hizo suya entera. Fue algo mágico, como si aquella mujer estuviera esperando su momento para ser sencillamente ella, ni hija, ni hermana, ni tía.
Cambio el color de todo dentro y fuera, la huerta se hizo un inmenso jardín dejando los árboles de toda la vida. Abrió ventanas y tiró recuerdos, los justos que no eran más que reliquias y las pocas cosas que conservó las desperdigó por la casa tan delicada y sutilmente que sentías el alma de los que allí vivieron. Le encantaba aquel lugar y reconocía el maravilloso trabajo de su tía.
Cuando decidió que quería pasar una temporada en el campo para escribir no tu tuvo dudas “con la tía que me voy” y cuando se lo consultó a ella, le dio la alegría de su vida.
Llevaba 3 días allí se había dejado cuidar y mimar resonando bocados de infancia desde el primer momento,  aunque lo que necesitaba era empezar con ello, así que se sentó, abrió el portátil y mientras se arrancaba apareció su tía frente a ella: “Gracias hija. Gracias por decidir venir aquí, por tener la valentía de cumplir tu sueño, por querer contar la historia de las mujeres de tu familia. Serás mi sobrina, pero me recuerdas tanto a mi” y desapareció dentro de la casa.
Durante unos instantes apenas reaccionó, un nudo de emoción le apretaba el corazón, suspiró y comenzó a escribir:
“Laura se a había enamorado de un joven soldado destinado las Colonias de Cuba, rondaba mil ochocientos noventa y tantos. Justo antes de partir, le había pedido en matrimonio a la sombra de una parra en un terreno que había comprado para ella……..”

martes, 18 de marzo de 2014

Yolirelatos: un lugar del parque

La primera vez que la vi se paró el tiempo.
Alta, delgada y elegante. Estaba lejos pero la sentí tan cerca que me di la vuelta, dejé de hacer y la miré sin mover un músculo del cuerpo, sólo los ojos que la seguían perderse entre los paseo del parque.
Me senté, y aunque el resto de los amigos insistieron en continuar con el juego no podía, era tal la perturbación que me supuso sus formas y movimientos que nada más quería que volver a verla.
Volví a casa y continúe con la rutina; comer, dormir, algo de tele, no estaba para mucho más. No sé porqué me sentía así. 
Escuchaba distante a mi compañero de piso como charlaba, intentaba llamar mi atención y aunque estaba receptivo, simplemente me sentía despistado ya que de vez en cuando, me venía de nuevo su caminar lejano.
Al día siguiente insistí en volver al mismo sitio y la misma hora. Mi compañero me preguntó porque iba tan deprisa. Es verdad, que no es que me gustase particularmente ese parque, había otros lugares de la ciudad fantásticos para pasear, jugar, perderse aunque claro, aquel de repente pasó a ser algo especial desde ese momento.
Pasamos gran parte de la mañana caminando por allí, aunque no sabía a ciencia acierta cual hubiera sido camino anterior y la incertidumbre de saber si volvería de nuevo pero, no apareció.
Una semana más tarde había perdido la esperanza de encontrarla, aunque eso no fue inconveniente para imaginar como podía ser. Parecía tan guapa, me fije en su manera de caminar, era lo más elegante que nunca había visto, movimientos naturales, perfectos sin artificio, además me parece que debe correr mucho, tiene la musculatura fina y potente a la vez. 
No creo que fuera altivez, eran sus formas que le daban ese aspecto como de princesa de aquellas películas antiguas, que a mi compañero le encantaban y más de una tarde habíamos visto. Me contaban como eran, lo que serían y creo que me ha pegado que me ponga a divagar sobre ella.
El otro día sin querer, me vino de nuevo a la cabeza justo cuando me encontré frente a el espejo. En caso de verla de nuevo ¿se fijaría en alguien como yo?  Si, tengo fuertes las extremidades pero algo pequeñas y las orejas..... Mi compañero me dice muchas veces que soy fuerte e inteligente. No es falta de autoestima es que nunca lo he valorado, también es verdad que nunca me fijé en alguien con ese aspecto.
Quien no escuchó que las apariencias engañan y que lo importante era ser buen tipo, yo creo que lo soy. Me relaciono bien, tengo un montón de amigos con quienes comparto miles de actividades y en el parque, allí me conoce todo el mundo y con todo el mundo me llevo bien.
Ayer apareció de nuevo en lo alto del camino y, cual no fue mi asombro que vino corriendo donde estábamos nosotros. Lo mejor de todo ha sido cuando nos olfateamos, sonreímos y comenzamos a correr juntos. Fuimos por la pelota que me encanta me tiren y recoger, le dejé que ella la persiguiera también, hasta hartarnos y creo que nunca lo había pasado tan bien. Nos despedimos alegres y sabiendo que volveríamos a encontrarnos de nuevo.
No sé donde llegará esto pero es la dálmata más bonita que he visto nunca y yo el basset más afortunado de la tierra. ¡el árbol del portal! Un pis y a casa.